5 de
enero.
Es de
madrugada y acabo de terminar de leer Bajo la misma estrella, he leído ese
libro más de 10 veces y aún no lo supero. Con mi depresión pos lectura arrastré
mi cuerpo fuera de la cama.
Es un
trayecto largo desde la biblioteca hasta el baño, pero llegué rápido. Mientras
me caía el agua helada en el cuerpo, solté un gemido de dolor por lo bajo ya
que cada corte ardía como el diablo, ya estaba acostumbrada a eso y podía
soportarlo. Salí de la ducha, desenredé mi cabello con un peine viejo y me
sequé como pude.
Después
de llegar de mi jornada de ejercicios diaria, preparaba el desayuno mientras
veía el amanecer por la ventana. Los crepúsculos eran lo más hermoso para mí
que tenía éste lugar a pesar de que el cielo siempre estaba encapotado, era una
maravilla ver el sol asomarse de entre las montañas lejanas, luchando contra
las nubes grises. No había muchos alimentos de los qué escoger, solo pan, huevo
y malteada así que hice una gran cantidad de huevo revuelto y lo serví con el
pan y las malteadas.
Los
niños comían a gusto, unos en la mesa junto a los empleados y yo y los demás en
el suelo. A pesar de que siempre veo caras nuevas, les he agarrado tanto cariño
que espero que los adopten familias que puedan darles más que nosotros.
-“Ya no queda más comida.”—le informo al mayordomo. Es
un gordo que come con gula.
-“Ok, ahora te daré el dinero para que compres
más.”—pronuncia con la boca llena de comida.
Yo hago eso y mínimo que muero atragantada.
Me
levanté de la mesa y me fui a mi habitación para cambiarme los zapatos
deportivos ya desgastados por las botas que no se quedan muy atrás. Tomé mi
abrigo marrón que ya comenzaba a deshacerse de tantas lavadas, ya no protegía
mucho del frío pro era el único que tenía.
Tenía
que hacer esas compras rápido para poder tener el almuerzo a tiempo así que me
dirigí a su oficina donde él estaba contando un dinero.
-“Toma.”—me tendió una paca de billetes el triple de
gruesa de lo que generalmente me entrega. –“Es año nuevo, compra todo lo que
quieras ¡Largo!”—insiste y obedezco antes de que cambie de opinión.
Mientras
salía del orfanato vi a una pareja que se acercaba hacia el recinto, caminé
hacia el portón para salir antes que ellos llegaran, pero, justo llegaron al
mismo tiempo.
-“Disculpa, ¿este es el orfanato Deviloft?”—me
preguntó la chica uniformada al estilo oficinista, tez clara, labios rojos,
maquillada, cabello negro hasta el mentón muy bien peinado.
-“Sí”—contesté con apatía, eran otra pareja adinerada
más que viene a adoptar.
-“Somos del intitulo de Canadá, venimos a realizar una
especie de censo a jóvenes con más de 13 años para becar a uno de ellos.”—me
explica el chico a su lado, vestía un traje formal, un poco de barba, sonrisa
encantadora, cabello castaño.
-“Perderán su tiempo.”—comento al pensar en los
empleados y lo gruñones que son. –“Soy la única…”—no sé si estaba segura de
decir eso –“Los niños allá adentro no pasan de 4 años.”—les explico.
-“Oh, entiendo.”— asiente él con la cabeza.
-“Mi nombre es Lee y él es Michael.”—habla la chica.
No les
dije mi nombre, tenía un raro presentimiento. A mí no me pasan cosas buenas, no
me caracterizo por tener ‘buena suerte’, soy un imán para las desgracias.
-“Tengo que irme.”—comencé a decir intentando
rodearlos.
El
hombre se interpuso en mi camino y me miraba compasivamente mientras sacaba
algo de la parte de adentro de su traje.
-“Si te gustaría estudiar, puedes hacer la prueba
yendo a ésta dirección.”—y me tendió una tarjetica pequeña. –“Estaremos hasta
las 5.”—
Yo
asentí solamente y me alejé de ellos, antes de cruzar la esquina había un
lujoso carro gris estacionado que imagino sería de ellos.
Mientras
compraba las frutas y los demás alimentos, no podía parar de pensar en la
propuesta de esos dos. Genial. Había leído muchos libros de psicología en mi
vida y había practicado con los empleados para adivinar si estaban mintiendo,
bromeado u ocultando algo, y estos chicos no tenían cara de estafadores.
Tal vez debería acercarme allá… Sería una
excelente oportunidad para salir de este infierno. Me decía mientras
preparaba el almuerzo. Siempre he soñado con estudiar en una escuela, rodearme
de personas que no sean una mierda… ¡Vamos! ¿Qué tan difícil puede ser estudiar
en un instituto? Después de todo, en los libros no describen tan mal a las escuelas…
Luego de
almorzar, me vi a mí misma saliendo del orfanato mientras leía la tarjetita en
mis manos. Con el dinero que me sobró pagué un taxi para que me dejara en la
dirección. El lugar era un edificio con diferentes locales y oficinas. Al
llegar a la oficina del Instituto de Canadá suspiré deseando que nada fuera
mentira y abrí la puerta que sonó como una campaña anunciando mi presencia.
Solo
había una pequeña sala de estar y una recepcionista que me sonrió amablemente.
Estaba a punto de devolverme por donde vine, cuando de una puerta cerrada salió
el chico que había conocido más temprano, él sonrió al verme.
-“Al fin viniste, creí que ya no vendrías.”—me dijo.
-“Si… Solo vengo a que me expliques cómo funcionan las
cosas, no he tomado una decisión aún.”—alego sonriendo lo más amable que puedo.
-“Está bien, toma asiento.”—me ofrece señalando las 5
sillas pegadas una al lado de la otra y a la pared. Me senté y luego él se
sentó a mi lado. –“Primero tendrás que responder a una serie de preguntas para
saber cómo están tus conocimientos, con eso sabremos a qué grado asignarte,
haremos el papeleo de la visa, el pasaporte, el boleto de avión, los documentos
restantes los llenarán allá en el internado y lo que queda es estudiar porque
el tutor, que es el internado, correrá con todos los gastos. Fácil.”—explicó
resumidamente.
-“Increíble…”—susurré para mí misma. Grandioso.
-“¿Qué?”—preguntó.
-“¿Qué internado?”—le pregunto evadiendo la suya.
-“El mejor internado de Londres.”—aseguró.
-“Así que solo tengo que estudiar…”—repetí.
-“Si, tendrás todos los gastos pagos.”—
-“Está bien…”—Hagámoslo.
Michael
me condujo luego por la puerta que había salido y allí se encontraba Lee. Me
sentaron en un rincón para que pudiera concentrarme y me dieron varias hojas
con preguntas de V/F. Yo estaba bastante nerviosa, creo que 15 minutos pasaron
y ya yo las había respondido todas, no eran tan difíciles como pensaba. Esperé
otros 15 minutos a que ellos revisaran las preguntas, me llamaron a la oficina
de nuevo y tenían cara de asombro.
Oh, no.
-“¿Tan mal estuve?”—pregunto sin querer saberlo en
realidad.
Soy una bruta.
-“No, al contrario. Respondiste todas las preguntas
bien.”—me dijo Lee contenta.
-“Sí, excelente.”—concordó Michael. Sonreí aliviada.
–“¿Cuántos años tienes?”— me preguntó juntando las cejas.
-“Creo que 17 o 18.”—respondí avergonzada.
-“¿Cuál es tu nombre?”—me preguntó Lee.
-“Ligia Elena.”—
-“¿Nada más?”—preguntaron ambos.
-“Nada más.”—asentí.
-“Ok, firma aquí.”—me dijo él.
Tomé el
bolígrafo y firmé en la línea negra al final de la hoja.
-“Bien, tus papeles estarán listos dentro de tres
días. Pasaremos por ti para llevarte al aeropuerto el 8 de enero a las 3
pm.”—me informó Michael.
-“Los estaré esperando lista.”—asentí. –“Gracias.”—era
el primer ‘gracias’ que decía sinceramente en toda mi vida.
No me
quedé ni un segundo más y salí caminando rápido. Al volver al orfanato
comenzaba a adaptarme a la idea de no sentirme tan triste. Creo que esto va a
funcionar.
Parece que la vida no es tan mala como parece. ¿Ustedes que opinan?
Cuando tenga listo el capítulo 3 lo publicaré en seguida.

No hay comentarios :
Publicar un comentario